Viana de Mondéjar

Foto: Beatriz Muñoz

 

Pueblo localizado al pie de las famosas Tetas de Viana, en la comarca de la Alcarria Alta, construido sobre una eminencia rocosa que semeja un barco con la popa hundida, dominando el pequeño valle del río Solana.

Las primeras señales de poblamiento corresponden al menos al Eneolítico, como han confirmado los hallazgos de útiles de sílex y restos cerámicos campaniformes.

El nombre de Viana puede proceder de “vía”, por encontrarse esta población junto a la calzada romana que iba de Segóbriga (Saelices-Cuenca) hasta Segontia (Sigüenza). Entraba por el sur, bajando la empinada Cuesta de Quiebracántaros, vadeaba el arroyo Solana cerca del Tejar y trasponía hacia Azañón por Valdelacalzada (recuerdo de esta vía en la toponimia local). Por este camino transcurre la denominada actualmente Ruta de la Lana, ruta antigua que desde el SE de Cuenca recoge peregrinos de Valencia y el Levante peninsular, y se dirige a Burgos para enlazar allí con el Camino Francés con destino a Santiago de Compostela.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cerámica campaniforme (2400-1800 a.C) de las Tetas de Viana y matriz del sello del Concejo de Viana de Mondéjar (s.XIV). 

 

 

Las Tetas de Viana adquirieron gran importancia estratégica durante la Baja Edad Media, estando dotadas de una torre almenara, para hacer señales mediante humo, fuego o espejos, en caso de peligro, a fortalezas como la de Atienza, situada a unos 60 km en línea recta. Su primer nombre conocido es Peñas Alcalatenas (que viene del árabe y  significa peña de “los dos castillos”).

Permaneció bajo dominio musulmán (Emirato, Califato de Córdoba y Reino de Toledo) más o menos hasta la conquista de Cuenca por los castellanos, bajo cuya jurisdicción quedó. Su iglesia parroquial es el edificio más antiguo del pueblo, de estilo románico y datada alrededor de la segunda mitad del s.XII. Continuó dentro del Común de Cuenca hasta su enajenación por parte de Alfonso X en favor de su amante Mayor Guillén Guzmán, junto con Cifuentes, Alcocer, Azañón y otros términos. Más tarde (1418) su señor, Pedro Núñez de Prado construyó su castillo en lo más alto de la población. Aún queda la puerta de estilo gótico de la fortaleza, mandada demoler casi en su totalidad por los Reyes Católicos pocas décadas después de ser edificada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fue cambiando de manos hasta el s. XVI, época de gran calamidad, en la que sus habitantes carecían incluso de leña, habiendo consumido los copiosos carrascales y quejigares que hay actualmente alrededor del pueblo, al igual que pasó en muchos lugares en esa época. Su economía dependía del ganado caprino y ovino, y otras labores como la agricultura de subsistencia generalizada por toda España (cáñamo y nabos en la vega, ni vino ni aceite, y grano muy poco). En esta época pasó por compra al marqués de Mondéjar, de ahí la segunda parte de su nombre que sirve para distinguir a esta Viana de las otras de España, Portugal o incluso Brasil.

Alfonso XII creó el título honorífico de Marqués de Viana en 1875 como premio a la restauración de la monarquía en España. Existen dos Palacios de Viana: uno en Madrid (residencia oficial y de representación de los ministros de asuntos exteriores desde 1939) y otro en Córdoba (Monumento Histórico Artístico, biblioteca y museo con bellos jardines) relacionados con la familia que posee este título.

 

 

 

 

Siempre fue de escasos habitantes, alcanzando la mayor cifra en la mitad del s. XX, época desde la cual no ha hecho más que perder población, con destino a las ciudades. Actualmente es una pedanía de Trillo, que vuelve a la vida los veranos y vacaciones, como pasa en tantos y tantos pueblos.

 


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