Trillo

Puente sobre el Tajo. S.XVI

 

Esta población está situada entre los ríos Tajo y Cifuentes, en la comarca de la Alcarria Alta de Guadalajara. Pueblo pintoresco, con cascadas en medio del casco urbano, su campo sembrado de colinas, barrancos y fuentes, carrascales y robledales, con las Tetas de Viana dominando el paisaje.

La existencia de este pueblo se debe a su cercanía al río, por ser un importante punto de paso a través de su puente renacentista (s.XVI), además de su interés para las industrias del lugar, tales como serrerías, batanes, molinos o centrales hidroeléctricas que aprovechaban la abundancia de agua.También fue fundamental el tráfico de madera de pino que se cortaba en La Serranía Conquense y Alto Tajo, para después ser transportada por el río con la ayuda de los gancheros hasta Toledo, Aranjuez o el mismo Trillo. Entre los siglos XVI y XIX los trillanos iban a vender la madera que cortaban en el río Cifuentes, en unas sierras movidas aprovechando la fuerza del agua, a los campos de Madrid, La Alcarria de Alcalá (de Henares), Guadalajara y alrededores. También existían muchos maestros carpinteros, que nos legaron obras como las puertas de la catedral de Sigüenza.

La ocupación de estos parajes es muy antigua como se puede confirmar por hallazgos de cerámicas campaniformes y útiles de silex que datan aproximadamente del segundo milenio a.C. También hay restos posteriores de cerámica celtibérica en el cerro de Villavieja, emplazamiento escogido por su buena situación defensiva, situado al E de la población. Este lugar continuó poblado por los hispano-romanos como demuestran varias lápidas funerarias halladas, pasando a poder de los visigodos e hispano-musulmanes más tarde. Estos últimos parece que renunciaron a vivir en las incómodas alturas de aquel cerro y bajaron al actual emplazamiento del pueblo.

Aunque a partir de 1085 se había conseguido expulsar en buena medida a los musulmanes al sur del Tajo con la toma de Atienza, Guadalajara y Toledo por Alfonso VI, no era aún una zona segura para su repoblación, que seguramente empezó poco después de la toma de Sigüenza por el obispo guerrero Bernardo de Agen en 1124.

Las primeras noticias confirmadas con documentos datan del s.XII, en tiempos del Rey de Castilla, Alfonso VII, formando parte Trillo del Común de Villa y Tierra de Atienza, en su límite meridional con el Común de Cuenca.

En estos tiempos se fundó el monasterio de frailes cistercienses de Óvila en una fértil vega junto al Tajo, tristemente famoso por su abandono y posterior expolio, que acabó siendo desmontado piedra a piedra para ser llevado a California, donde su sala capitular ha sido recientemente reconstruida por monjes de la misma orden.

Más tarde, tenemos noticias de que Trillo era un señorío independiente que fue comprado por el Infante Don Juan Manuel en 1325, a su propietaria Dña. Mayor Pérez al precio de 20000 maravedíes. Este poderoso personaje de la época erigió el castillo del que aún podemos observar algunos restos en la parte más alta del pueblo. De estas fechas o algo anterior es la Casa de los Molinos, que primero fue batán, luego molino harinero, casa- concejo, central hidroeléctrica y por último museo de la energía.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde 1436 Trillo permanece ligado al Condado de Cifuentes. En este siglo se despobló gravemente a consecuencia de las guerras entre Castilla y Navarra, pestes y calamidades diversas, recogiéndose esta historia 150 años después (1588. Relaciones topográficas de Felipe II): “A la segunda pregunta dixeron: que en este pueblo ay doscientos y treinta Vecinos al presente, y que oyeron decir á sus antepasados que en este pueblo no debía haber más de trece Vecinos, y esto habrá más de ciento y cinquenta años.”

En 1617, gana una ejecutoría (sentencia) contra Cifuentes, para que le llamasen lugar, y no barrio de Cifuentes. En 1649 se hizo villa, y eximió de la jurisdicción de Cifuentes, como quedó escrito en la piedra del rollo-picota, que significaba la potestad de impartir justicia, castigar los delitos y nombrar representantes del concejo. Durante la Guerra de Sucesión (año 1710), la población es asolada por contingentes ingleses y portugueses que saquean el pueblo, queman el archivo, el pósito, las maderas de su tráfico y destruyen colmenas, ganados y plantíos.

A finales del s.XVIII, el rey Carlos III ordena construir el balneario y una carretera para su acceso desde Madrid, ya famoso por sus aguas termales y minero-medicinales antes de construirse. A ese lugar concurrieron muchos personajes importantes de la corte como el Ministro de Gracia y Justicia, Gaspar Melchor de Jovellanos, para curar sus dolencias.

En 1810, las tropas francesas de Napoleón vuelan el puente, el castillo y prenden fuego a las casas en su retirada ante el avance de la guerrilla de Juan Martín Díez “El Empecinado”. En la Guerra de Independencia la Junta Provincial de Guadalajara se reunió en el monasterio de Óvila y en la Casa de los Molinos.

El rey Fernando VII manda reconstruir el maltrecho puente en 1817, ya que los pasos más cercanos (puentes de Murel y de Óvila) también estaban dañados. En la Primera Guerra Carlista el puente vuelve a ser escenario de conflicto. Una partida carlista procedente de Pareja, dirigida por un sacerdote, intenta dominar este paso estratégico, pero son derrotados por una columna liberal en las laderas del Alto del Rocho.

En la Guerra Civil el puente estuvo a punto de ser volado otra vez y sus habitantes no corrieron mejor suerte que los del resto del país. El balneario se cerró y se reconvirtió en los años 40, ampliando sus instalaciones, en instituto leprológico.

En la actualidad, Trillo centra su industria en la Central Nuclear, intentando mantener el turismo que acude al reconstruido balneario, o al privilegiado entorno.

Foto Aérea


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