Morillejo

 

 

Esta localidad se encuentra en las estribaciones de la Sierra de Umbría Negra, en el borde nororiental de la comarca alcarreña, limitando con las poblaciones de Carrascosa de Tajo al norte, al sur con Peralveche y Viana de Mondéjar, hacia el oeste con Azañón y al este con Arbeteta. El río Tajo se encuentra a corta distancia.

Este pueblo fue fundado poco después de la conquista castellana de este territorio, quedando dentro del Común de Villa y Tierra de Atienza, apareciendo en los documentos relativos a la fundación del cercano monasterio de Sta. María de Óvila como Mureliego, aldea cercana a Murel (de donde tomó el nombre), junto al puente de origen romano sobre el Tajo por el que pasaba la calzada Segontia-Segobriga.

La palabra “Murel” parece tener influjo de la lengua romance mozárabe y aragonesa por el sufijo -el, que deriva de “muro”. Es un topónimo con el mismo sufijo encontrado en los pueblos cercanos de Vindel y Moranchel,  y más lejanos, Villel de Mesa y Turmiel, por ejemplo.

En esta época se construyó la ermita de Jerusalén, a los pies del pueblo, junto al cerro que llaman “El Castillo”. Es el edificio más antiguo del pueblo, con estética románica cisterciense, que ya apunta al arte gótico del s.XIII, con sus arcos ojivales. Los canteros que trabajaron en la construcción de Óvila también lo hicieron en esta ermita, como parecen indicar las marcas que dejaron en los sillares.

Estas dos aldeas cercanas siguieron en propiedad del monasterio de Óvila desde su fundación, pero una serie de guerras y epidemias acabaron por despoblarlas.  El abad comendatario de Óvila, Fray Ignacio de Collantes, se encargó de la repoblación a finales del s.XV. Morillejo continuó existiendo, pero Murel corrió peor suerte y desapareció antes del s. XV, denominándose a partir de entonces su paso en el río “puente de Carrascosa”.

 

Foto: Beatriz Muñoz

 

 

En la Guerra de la Independencia, el guerrillero Juan Martín Díez “el Empecinado” escondió en Morillejo cuatro cañones arrebatados a los franceses en una escaramuza en el cerro de San Cristóbal, en Cifuentes (1811). Al parecer, el puente de Murel (o Carrascosa) se arruinó o fue volado por los franceses en esas fechas o próximas, con lo que la antigua ruta (aunque ya perdida su importancia pasada, para la trashumancia, carreteros y arrieros) de Cuenca a Burgos hubo de pasar por el puente más próximo, que es el de Trillo.

Morillejo siguió en poder de los frailes hasta la desamortización en el s. XIX. Durante casi un siglo perteneció a la provincia de Cuenca, hasta la moderna división provincial. Ahora Morillejo es una pedanía de Trillo, ya que no ha hecho más que perder población desde la segunda mitad del siglo pasado.

La actividad por la que ha sido más conocido este pueblo es por la elaboración de aguardiente u orujo, llegando a haber más alambiques para destilarlo artesanalmente que vecinos, quedando en la actualidad una actividad residual. Se destinaba a esta industria el vino obtenido de las numerosas viñas, ahora perdidas en favor del monte. La profesión de algunos vecinos consistía en recorrer la provincia y parte del extranjero vendiendo el aguardiente, con recuas de mulas cargadas del preciado líquido.

Los alrededores del pueblo son muy amenos, con muchos cerros rocosos con bancales de olivos y viñas, pequeñas vegas en el fondo de los barrancos cuajadas de nogueras y chopos, carrascales y pinares.

 

Foto: Beatriz Muñoz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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