Azañón

Foto: Beatriz Muñoz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Azañón está situado en un cerro en las proximidades de las Tetas de Viana, junto a la carretera que conduce de Trillo a Peralveche y sobre los vallejos de La Pava y de la Vega, por donde discurre un pequeño arroyo. Siguiendo el curso de éste, muy cerca, se encuentra el río Tajo.

Este pueblo se fundó en el s.XII, poco más o menos al ser conquistada la ciudad de Cuenca, quedando regida por su Fuero, dentro del Común de Villa y Tierra conquense, en el reino de Castilla. De esta época procede la forma “apiñada” de su casco urbano. En esta época pudo ser construida la muralla, que tuvo al menos tres puertas y se sabe que estuvo en pie hasta el s. XVIII.

Después, en el s.XIII, Azañón pasó a manos de doña Mayor Guillén de Guzmán, amante de Alfonso X el Sabio, junto con Alcocer, Cifuentes, Viana y otros pueblos alcarreños. La nieta de doña Mayor, la reina doña Blanca de Portugal donó al hijo de Sancho IV este lugar. En el s.XV pertenece a Pero Núñez de Prado, también Señor de Viana, población a la que siempre a estado muy vinculado Azañón, compartiendo incluso pastos y leñas en terrenos comunales.

En 1463, vecinos de Azañón envenenan a Sancho de Tamayo (abad del cercano monasterio de Óvila) con unas hierbas, muriendo casi de repente, a causa de un litigio que mantenían con los frailes acerca de unas propiedades. El crimen quedó impune. Poco después, esta localidad pasó a propiedad de los Marqueses de Mondéjar, bajo cuyo dominio estuvo hasta la abolición de los señoríos en el s. XIX.

 

Foto: Beatriz Muñoz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Azañón siempre tuvo buenos músicos, gaiteros y violinistas sobre todo. Éstos acudían a las fiestas de los pueblos de los alrededores, interpretando melodías como el “Corre-corre” y otras que se perdieron hace tiempo.

Lo más interesante de esta localidad es la abundancia de elementos propios de la arquitectura popular alcarreña, como los pontíos, las casas de entramados de piedra, adobe, yeso y madera con arcos de piedra en sus entradas.

Una curiosidad es el miliario romano (piedra de forma prismática o cilíndrica que se usaba para señalar las direcciones y distancias en una calzada romana, además de figurar su promotor) embutido en la esquina del campanario de la iglesia de la Asunción (s. XVI). Marcaba la vía Segontia-Segóbriga que discurría por aquí, procedente del puente romano de Murel sobre el Tajo en dirección a Viana de Mondéjar. Fue recogido cerca de Sacedón, en el lugar llamado El Pozuelo y está dedicado al emperador Decio, que reinó entre los años 249 y 251. Como llegó a aparecer en el muro de la iglesia en Azañón es un misterio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto: Beatriz Muñoz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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