Armallones

 

Armallones se asienta sobre una muela caliza de las que tanto abundan por aquí, integrado en un paisaje donde se alternan las parameras con vegetación rala de tomillos y artemisias, cultivos de cereal, los sabinares, los pinares y las pequeñas vegas o cañadas. Al norte limita con los términos de Ocentejo, Canales del Ducado y Huertahernando; al este con Huertapelayo; al sur con Villanueva de Alcorón y al oeste, hacia la Sierra de Umbría Negra, con Arberteta y Valtablado del Río.

El nombre de Armallones es de origen árabe y quiere decir “las salinas”. Efectivamente, no lejos se encuentran las salinas de la Inesperada y otros manatiales y pozos de aguas salobres. Podemos dar por seguro que a finales de la Alta Edad Media este territorio se hallaba controlado por tribus bereberes dependientes de la Cora de Santaver, que practicaban la ganadería trashumante y vigilaban las fronteras de la Marca Media del Califato de Córdoba y del Reino de Toledo (a veces en guerra librada contra este mismo poder). Tras la toma de Toledo y la derrota de los almorávides, los reyes castellanos tomaron posesión de estas tierras y concedieron a sus repobladores privilegios como el Fuero de Cuenca. Esta localidad siguió vinculada a Cuenca dentro del Sexmo de la Sierra hasta la aparición de las divisiones provinciales del s. XIX.

Las casas y los monumentos más destacables están realizados con la dura roca caliza secundaria del terreno, como la iglesia de Ntra. Sra. de la Natividad, en estilo románico del s.XII.

Uno de los parajes más indómitos y bellos del Parque Natural del Alto Tajo es el que se forma en el llamado Hundido de Armallones. Se trata del resultado de un gigantesco desprendimiento ocurrido en el s. XVI tras un fuerte temporal (que probablemente aceleró el colapso de alguna cavidad subterránea, tan comunes en la zona por su naturaleza kárstica), que provocó el desvío del cauce del río, tal como reflejan las crónicas y relatos de la época. Durante una semana el Tajo estuvo retenido, quedando seco aguas abajo, hasta que el agua buscó de nuevo su cauce. Una versión diferente atribuye el origen de esta formación geológica al gran terremoto de Lisboa del s.XVIII, pero no debe ser tenida en cuenta, ya que ese gran temblor que asoló la capital portuguesa no afectó a esta zona de la Península Ibérica.

 

 

Otra leyenda sobre el Hundido relata la existencia de un misterioso monasterio templario situado en este lugar, cuyos restos quedaron sepultados para siempre. Allí supuestamente, siempre según la leyenda, quedarían algunas plantas de tierras ajenas como el granado, producto de la naturalización de los cultivos traídos de oriente por los frailes-guerreros. No hay documentación al respecto que lo avale, hecho no extraño si se tiene en cuenta la persecución a la que se vio sometida la Orden del Temple en su años finales.

 

 

 

 

 

 


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